Ethel Flores Castillo - Pintora
Por Wendy Solano
Ethel Flores Castillo tengo 38 años, soy originaria y vivo aquí en el Distrito Federal. Actualmente estoy estudiando derecho aunque me estoy inclinando por ciencias políticas en la Universidad Autónoma de la Cd. México,

Lo que más recuerdo de mi infancia es a mi perrita, me la regaló mi mamá; un día llegó de sorpresa con ella. Era una criollita y se llamaba Mariposa. Una vez me perdí en el mercado por más de 20 minutos y la perra jaló del pantalón de mi mamá y la llevó conmigo, fue una navidad y yo de esperar ya me había quedado dormida entre dos puestos.

De niña me hubiera gustado ser cantante, policía, pero sobre todo famosa muy famosa… También desde niña todo lo que me sucedía lo dibujaba en las paredes de mi closet, que realmente era un cuarto aparte, o en el mosaico del baño que es un santuario donde puedes cavilar sin ser interrumpido, ahí encontraba figuras como snoopy, kitty, el monstruo de la laguna verde; también me gustaba encontrarle forma a las nubes y sobre todo veía como poder crear en cualquier superficie.

En la universidad estuve en la UAM, estudié derecho y vino una circunstancia en mi vida que desencadeno una serie de acontecimientos que fueron los que me acercaron totalmente al arte, para empezar me enamoré y estuve viviendo con mi pareja como cinco años y sucedió algo trágico, él falleció y por azares del destino yo fui a parar a la cárcel. Estuve en el centro de readaptación social Santa Martha Acatitla, ahí dentro, las cosas que tienes que hacer además de sobrevivir es tomar cursos. En el año 2007 a un año de estar ahí aparece por primera vez en mi vida Naomi Rincón Gallardo, una maestra que estudió en la esmeralda, a mi me encantaba dibujar, pero no sabía hacerlo bien, sobre todo me encantaba la pintura, desde niña trataba de imitar lo que veía.

Naomí llegó de una forma tan sencilla que fue como una mensajera de Dios, porque dentro de la propia prisión pude liberarme atraves del arte. Siempre lo he dicho, el arte es libertad, ella nunca vio nuestra condición, nunca preguntó los porques de encontrarnos en ese lugar, simplemente nos dio una hoja de papel y nos dijo que empezaramos a hacer ejercicios para soltar la mano; después que pintáramos sombras, sombras de las personas, nos pedía que dijéramos qué era lo que más nos gustaba, yo le dije que quería dibujar a las personas tal y cual las veía, porque imagínate en un lugar en el que no tienes acceso a una cámara fotográfica y mucho menos a un celular, cómo iba a poder yo resguardar en mi mente las imágenes de tantas compañeras con las que conviví a lo largo de 5 navidades, casi 5 años.

Una de las fortunas es que ella (Naomi), siempre nos proporcionó el material, la primera vez ella nos daba vasitos con pintura y nosotras podíamos tomar lo que quisiéramos, empezamos a mojar la superficie de papel caple y después teníamos que poner una gota de pintura donde quisiéramos, la pintura empezaba a tomar vida y se esparcía de una forma muy especial y adquiría formas como las que yo había visto de pequeña en los azulejos de mi baño.

Era una cuestión de empezar a ver esas formas a interpretarlas, y a darles coherencia. Después comenzamos a dibujar y ella empiezo a ver en mi cierto potencial, no por que pintara súper bien, sino porque podía liberarme y lo que yo pintaba casi nadie lo pintaba...
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